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VIII Congreso Español de Sociología
Alicante, 23-25 septiembre 2004
"Los factores socioeconómicos como condicionantes de un estilo de vida: Las mujeres de Narón"
Grupo de Trabajo: 12º Sociología del Género.
Sesión: 3ª Femenino/Masculino: estructuras, identidades y formas de socialización.Autores: José Leira López, Gerardo Hernández Rodríguez, Obdulia Taboadela Álvarez,
Rosa Cobo Bedia y Carlos Manuel Abella Vázquez.
Institución de procedencia: Facultad de Sociología. Universidad de La CoruñaI.- Introducción
El estudio que constituye la base de esta comunicación, que fue propuesta como ponencia, encaja plenamente en los objetivos de este grupo de trabajo, al abordar las estructuras, identidad y formas de socialización de lo femenino en la población considerada. Investigaciones como ésta son precisas para aplicar una planificación social que tenga como finalidad una eficacia y una buena administración de los recursos disponibles, adecuando el enfoque de proyectos y programas que se puedan implementar en un futuro para poner en marcha una serie de actuaciones que redunden en un mayor bienestar de las mujeres y que las ayude a determinar su identidad y las formas de socialización pues, parafraseando a Simone de Beauvoir, y aplicándolo al colectivo objeto de este trabajo, podríamos decir que la forma en que una sociedad se comporta con las mujeres descubre, sin equívocos, la verdad -a menudo cuidadosamente enmascarada- de sus principios y de sus fines.
En esta comunicación se exponen los resultados de la investigación, -aunque limitados a las obligadas dimensiones de una presentación de esta naturaleza destacando algunos de los aspectos considerados sin agotar la totalidad de los investigados-, que ha combinado en su metodología técnicas cuantitativas y cualitativas y en la que, en cuanto a la estructura, se contemplan las variables sociodemográficas, en cuanto a la identidad se fija en las actividades profesionales; el mercado de trabajo y el desempleo femenino; la percepción de la salud; las esferas ético-morales, actitudinales y religiosas; las actitudes de comportamiento político y la identidad local y nacional. Y, por lo que se refiere a los procesos de socialización, se ha trabajado con aspectos tales como la familia y el trabajo doméstico; el grado de dependencia familiar desde las diferentes vertientes posibles, el consumo de tabaco y alcohol, las actitudes ante la inmigración y el multiculturalismo, las actividades llevadas a cabo en el tiempo de ocio y la participación social. Y todo ello referido a una población femenina con unas características muy particulares y específicas, debido a la condición de Narón, en donde hay una conjunción de características urbanas y rurales, en su población y en la identidad, actitudes y actividades de la misma.
Esta comunicación ha de servir de documento de reflexión, que muestre un estilo de vida y las demandas de estas mujeres, considerando que, en definitiva, han de ser los agentes sociales y las propias mujeres quienes tienen que estimular un proceso que conduzca a iniciativas que mejoren el bienestar de las mujeres, y por lo tanto de todos, concluyendo con la acertada expresión de que “no hay que hacer cosas para las mujeres, sino cosas con las mujeres”.
II.- Metodología
En la investigación sociológica que llevamos a cabo, el universo consultado corresponde a las mujeres de 16 o más años, del Concello de Narón. Para ello se realizaron 392 entrevistas, repartidas según el tipo de hábitat, que para un nivel de confianza del 95,5% (2 sigmas) y una hipótesis más desfavorable de p=q=0,5, garantice un error máximo de + 5% para el conjunto total de la muestra.
En cuanto a la metodología empleada, se ha utilizado unas combinación de técnicas cuantitativas y cualitativas. De este modo, se analizaron las frecuencias obtenidas de cada apartado del cuestionario, cruzando entre sí aquellas variables que pudiesen ofrecer una mayor profundización en el tema objeto de estudio.
También se realizó una serie de entrevistas en profundidad a mujeres que, por su ocupación o situación específica, podrían aportar opiniones y puntos de vista interesantes para nuestro trabajo. Todo ello fue complementado con la realización de grupos de discusión y, naturalmente, utilizando datos secundarios procedentes de fuentes diversas
III.- Variables sociodemográficas
Comenzaremos este análisis refiriéndonos a los aspectos demográficos y sociodemográficos, dentro de los cuales queda especificado, en primer lugar, la estructura por grupos de edad de la muestra, que queda reflejada en la Tabla nº I.
Tabla I
Estructura por grupo de edad de la muestra
Grupos de edad Frecuencia Porcentaje 16-29 años
89
22,7
30-49 años
128
32,7
50-64 años
80
20,4
65 y + años
95
2,2
Total
392
100
Por lo que se refiere al estado civil de las mujeres objeto de esta investigación, resulta que el más frecuente es el de casadas (60,5%), seguido por las solteras (21,2%) y las viudas (12%). La edad media de entrada en el matrimonio es para las mujeres de la muestra de 25,52 año, siendo para el conjunto de la población femenina de Narón la de 27,2 años. Las que viven en pareja representan el 3,6% y las separadas y divorciadas el 2,8%, siendo más las separadas (2,3%) que las divorciadas (0,5%). Así, pues, es lógico que predominen los hogares de núcleo conyugal (65,1%), siguiendo en orden de importancia, cuantitativamente hablando, los hogares extensos (13,3%) de tan notable implantación en Galicia.
En los casos de separación y divorcio son más las mujeres que piden la separación y más los hombres que solicitan el divorcio, pues siendo la infidelidad una de los principales motivos de la ruptura matrimonial, tras la separación el hombre pide el divorcio para poder contraer nuevo matrimonio con la persona con la que incurrió en la antedicha causa. Actualmente, le número de los divorciados y divorciadas que se vuelven a casar supera en mucho al de los viudos y viudas que contraen nuevas nupcias. En el año 2001, por ejemplo, el 6,2% de los hombres y el 5,3% de las mujeres que contrajeron matrimonio, eran divorciados y divorciadas.
Por lo que se refiere a la natalidad, la edad media de la maternidad es de 27,96 años para las componentes de la muestra y de 29,28 para el conjunto de las mujeres de esta población. El numero medio de hijos por mujer es de 1,7, predominando las que tienen uno (28,8%) o dos hijos (28,5%). Aunque tanto en Galicia como en el resto de España las edades de la maternidad, es decir, aquellas en las que se tienen los hijos se han elevado, en el caso de Narón se observa el fenómeno contrario, el de una maternidad temprana, ya que el 44,6% ha tenido su primer hijo entre los 20 y los 25 años, y el 40,3% ha tenido su último hijo entre los 27 y los 31 años de edad. Para la mayoría de estas mujeres (67,9%) “la parejita” es el número ideal de hijos, seguidas a considerable distancia (18,5%) por las que estiman que tres constituye el número ideal.
De las que están o han estado casadas anteriormente, un 4,7% se ha separado o divorciado alguna vez, siendo la infidelidad conyugal (33,3%) la causa que en un mayor porcentaje ha propiciado esta decisión, seguida del abandono y la incompatibilidad de carácter con un 20% para cada uno de estos dos motivos. Los malos tratos lo han sido para un 13,3% y, con porcentajes análogos (6,7%) lo han sido el alcoholismo y la pérdida de amor. Sin embargo, es muy frecuente que éstas no sean causas aisladas, sino que algunas vayan asociadas entre sí, como, por ejemplo, el alcoholismo y los malos tratos. La custodia de los hijos está asignada fundamentalmente a las mujeres.
En Galicia, los porcentajes de separaciones y divorcios de mutuo acuerdo o consensuados han ido incrementándose con el paso del tiempo, llegando para el año 2002 al 57,4% y al 49,4%, respectivamente, siguen estando por debajo de las correspondientes medias nacionales, que llegan al 67,2% para las separaciones y al 58,4% para los divorcios.
En cuanto al nivel de estudios, cabe destacar que, simplificando, un 61,6% tiene estudios Primarios o menos, el 24,6% entre Primarios y Secundarios y el 13,8% restante Universitarios, desde incompletos hasta estudios de postgrado. El 60,5% se considera de clase media-media, siguiéndole por orden de importancia el 23,2% que se ubica en la media-baja.
IV.- Relación con la actividad económica.
La estructura resultante de la relación con la actividad en el municipio no difiere de la de su entorno, y la tasa de la población activa (ocupadas más paradas) se sitúa en torno al 46%, y una cuarta parte de la muestra son jubiladas y pensionistas. Un 18,4% se declaran amas de casa y cerca del 10% son estudiantes. El desempleo afecta, sobre todo, a mujeres con empleo anterior.
El envejecimiento de la población y la cada vez más decidida incorporación de las mujeres al mercado de trabajo son hechos de carácter estructural que afectaron, con diferencias de intensidad, a la estructura social de Galicia. La situación geográfica de Narón, como zona de influencia de Ferrol y en proceso de recuperación económica, acelerará la modernización de su estructura social, rejuveneciendo su pirámide de población y aumentando las tasas de actividad de las mujeres.
La situación laboral considerada según el nivel de estudios confirma lo que ya es prácticamente una ley en el mercado laboral femenino: a mayor nivel de estudios más actividad, ya sea como ocupadas o como paradas. Cuanto mayor es el nivel de formación alcanzado, mayores son las posibilidades de encontrar trabajo. No obstante, se percibe, en especial entre las más jóvenes, pero afectando a todos los grupos de edad, un repunte en el paro registrado en el año 2002, del que no podemos saber cuánto se debe a la reforma legislativa del año anterior (que endurece los requisitos de elección para la consideración de parado) y cuánto al repunte del desempleo y al freno del ciclo económico expansivo.
La práctica totalidad de las ocupadas trabajan en Narón (39,2%) o en Ferrol (44,6%). La proximidad del municipio a Ferrol y su consideración de área metropolitana explican la movilidad espacial en torno al trabajo. Además, la estructura ocupacional de las trabajadoras encuestadas se asemeja a los perfiles profesionales del resto de las mujeres españolas: Un alto porcentaje de trabajadoras de hostelería y comercio (31,3%) y trabajo administrativo (11,4%), los llamados empleos de cuello rosa, junto a un significativo porcentajes de autónomas (10,8%), de trabajadoras de la industria (13,9%) y empleadas no cualificadas (17,5%). Las empleadas cualificadas, entre técnicas y profesionales, representan un 12% de la muestra.
Al cruzar las ocupaciones con los grupos de edad encontramos una relación inversa entre edad y paro registrado, de manera que las mujeres de más edad apenas se registran en las oficinas de empleo, lo que puede ser entendido como un paro desanimado, cuando mayores son menos confianza tiene en encontrar un empleo, y probablemente menor es también la búsqueda activa de éste. Las jóvenes paradas, en cambio, mantienen índices próximos al 100%de registro en el desempleo. Más allá de la potencialidad del INEM como ofertante de empleo, las mujeres jóvenes saben que es requisito indispensable para el acceso a políticas activas de empleo y formación.
Y al cruzar el tipo de empleo con los grupos de edad, los resultados muestran -de manera sorprendente y ajena a la realidad laboral del resto del país- como existe un porcentaje muy importante de empleo indefinido entre las jóvenes (46,5%), por encima de las que tiene contrato temporal (39,5%). Las adultas en edades centrales, en cambio, mantienen tasas muy similares de empleo indefinido y temporal (puede ser debido a que muchas de estas trabajadoras lo son en industrias donde la contratación temporal es la norma, como el sector de la confección, por ejemplo. Las de edad más avanzada, por ser trabajadoras contratadas antes de las reformas laborales, gozan en mayor proporción que el resto de empleos indefinidos. Entre las jóvenes y las de más edad hay un 7% y un 14%, respectivamente, de trabajadoras sin contrato, de las cuales la mayoría -sobre todo las mayores- pertenecen a la categoría de ayuda familiar. Tres cuartas partes de las trabajadoras tienen jornadas a tiempo completo -destacando en este sector las universitarias-, mientras que el 25% restante trabajan a tiempo parcial.
Desde la dimensión familiar de las mujeres de Narón, cabe destacar ante todo, de entre las que desempeñan una actividad laboral o profesional extradoméstica, el bajo porcentaje (2,3%) de las que lo hacen como primera razón para tener mayor independencia, destacando mayoritariamente las que trabajan fuera del hogar para ganar dinero (67,4%) y para ayudar a la familia (14,3%), es decir, que prevalecen los valores familiares y la responsabilidad económica sobre los aspectos de índole personal, puesto que también sólo un 10,3% desempeña un trabajo para su realización personal y profesional.
Un 21,4% argumenta en primer término, y un 44,2% en segundo lugar como barrera para desempeñar un trabajo extradoméstico, el dedicarse a las tareas del hogar, lo cual no ha de extrañarnos ya que un 37% de estas mujeres dedican seis horas o más al trabajo en su casa.
Algo que en la actualidad está siendo objeto de una especial atención desde la investigación sociológica y desde la normativa legal es lo referido al acoso sexual y psicológico en el trabajo a las mujeres.
Y aunque, en general la mayoría no se han sentido acosadas sexualmente (93,9%) ni psicológicamente (mobbing) (90,2%) por sus jefes o compañeros, los resultados obtenidos en este punto han confirmado lo que nos habíamos planteado como hipótesis: que las mujeres que se encuentran en situación de mayor precariedad laboral (contratos temporales, eventuales, sin contrato,...) son más frecuentemente víctimas de este comportamiento que las que disponen de contrato fijo o indefinido. Del colectivo considerado, el 70% pertenecen a la primera de las categorías referidas.
En cuanto al acoso psicológico, también las contratadas en sistema temporal o sin contrato son más vulnerables a este tipo de pretensiones en una proporción muy superior (75%) a aquellas que disfrutan de un contrato fijo. Sin embargo y como ya ha quedado expuesto, cabe decir que la proporción de mujeres de Narón acosadas sexual o psicológicamente en sus trabajos son una minoría puesto que no alcanzan, en ningún caso, al 10%, con porcentajes del 6,1% y 9,9%, respectivamente.
Aunque cuantitativamente las cifras no sean elevadas, cualitativamente si estimamos oportuno señalar que la actividad profesional en la que más se ha detectado el acoso sexual ha sido en las dependientas y el psicológico en las camareras. Pero las dos mujeres que, formando parte de la muestra, son militares, se han sentido acosadas sexualmente y una de ellas, además, psicológicamente.
Tras el análisis de los datos, estamos en disposición de aventurar los perfiles laborales de las mujeres de Narón. En la asociación entre edad, nivel de estudios y motivos para el trabajo encontramos algunas claves interpretativas de modelos laborales femeninos asociados a los distintos grupos sociodemográficos:
Grupo de edad entre 16 y 29 años: las razones que aducen para trabajar son, en este orden: ganar dinero, mayor independencia, realización personal y profesional, ahorrar para el futuro y ayudar a la familia. Todos los motivos muestran la centralidad del trabajo en sus vidas, las jóvenes ya no planifican el acceso al mundo laboral de manera secundaria, sino que el trabajo las define como personas independientes de sus familias, ya sean de origen o de destino. Esa tendencia se acusa en el caso de las mujeres con estudios superiores, para las que el acceso y permanencia en el mercado de trabajo es un hecho indiscutible, y en la mayor parte de los casos, de carácter irreversible.
Grupo de edad entre 30 y 49 años: en este grupo las prioridades varían, si bien el primer objetivo es ganar dinero, su segunda prioridad es ayudar a la familia, después se considera la realización personal y profesional y una mayor independencia. Estas mujeres todavía perciben su trabajo como subsidiario del trabajo principal del denominado cabeza de familia, de ahí que otorguen menos importancia a las variables de carácter individual y primen los motivos familiares.
Grupo de edad entre 50 y 64 años: después del dinero, el motivo más importante para trabajar -y casi el único- en estas mujeres es la ayuda a la familia. Los aspectos de realización personal e independencia están muy por detrás en su orden de prioridades. Este perfil coincide casi miméticamente con el grupo de mujeres con estudios primarios.
Finalmente, y por lo que se refiere a este apartado que, de alguna manera, repercute más o menos en todos los demás, es preciso dejar constancia de que hay una especialización productiva que cada vez se hará más acusada hacia la industrialización, que la mayoría de estas mujeres consideran que el ser mujer no ha supuesto un obstáculo para ascender en su trabajo (94,5%) y que han percibido que alguna vez (48,8%) el trabajo no les deja tiempo para atender a la familia.
V. Salud. Connotaciones sociológicas.
Es bien sabido por los trabajos llevados a cabo en diferentes y diversos ámbitos de estudio, que las mujeres tienen una mayor esperanza de vida que los hombres. También parece estar claro que, aparte de una mayor capacidad biológica de supervivencia demostrada desde la misma edad perinatal, factores importantes que explican este hecho vienen de la mano de los diferentes roles sociales que, hasta hace pocos años, venían desempeñando hombres y mujeres. La presencia en el mercado laboral extradoméstico, la conducción de vehículos, los hábitos de ingesta de determinadas sustancias (alcohol, tabaco,...) eran, entre otros, factores claves de este fenómeno. Y todo parece indicar que la incorporación de la mujer a estas tendencias, hasta ahora mayoritariamente asociadas al rol masculino, hará que la evolución de la esperanza de vida de las mujeres posiblemente experimente alguna variación en su ritmo.
Un 35,7% de las mujeres de Narón perciben que su estado de salud es bueno o muy bueno, mientras que un 23,7% manifiesta que es malo o muy malo. Un 40,6% declara que es normal
La mujer, que generalmente sigue desempeñando en porcentajes muy elevados el papel de cuidadora (cuidadora de menores, de ancianos dependientes, de enfermos,...) también ha de ser y debe ser cuidadora de sí misma, como es en la prevención de posibles patologías con una especial incidencia en la mujer, tales como los tumores de mama y en el aparto reproductor. Por eso se ha planteado la cuestión de las revisiones ginecológicas, encontrándonos con el alarmante resultado de que más de una cuarta parte (27,6%) de las mujeres de Narón, objeto de esta investigación, no se han efectuado nunca una revisión ginecológica, estando comprendidas un 33,3% de las mismas en el intervalo de edad de los 16 a los 29 años; un 13,9% tienen entre 30 y 49 años; el 15,7% tienen de 50 a 64 años y el 37,0% restante superan los 65 años de edad. Un 38,1% se realizan una revisión ginecológica anual y un 16,6% con una frecuencia superior a los dos años.
Entendemos que éste es un dato a tener en cuenta por parte de los responsables de la educación sanitaria y de las políticas preventivas de salud para llevar a cabo las oportunas campañas de concienciación al respecto.
No deja de ser sorprendente que, por estado civil, de las mujeres que no se han hecho nunca una revisión ginecológica, el 42,6% sean casadas. Aunque también es cierto que son las casadas las que mayoritariamente hacen uso de este sistema preventivo, con más de un 69% de las que realizan su revisión una vez al año o más de una vez en el mismo periodo de tiempo.
Por lo que se refiere a la planificación familiar, la inmensa mayoría, un 89,0%, está de acuerdo con el control de la natalidad y los métodos anticonceptivos son conocidos y empleados por más de la mitad (57,7%) de las componentes de la muestra, alcanzando los porcentajes más altos el grupo de edad de 30 a 49 años (511,3%), seguido de las de 50 a 64 (12%) y, en tercer lugar, las de 16 a 29, con un 30,8%. Dentro de los diferentes grupos de edad, las que más los emplean son también las de 30 a 49 años, con un 911,3%, mientras que las que menos los utilizan son las más añosas (65 y más años), con un 12,8%. Y los procedimientos más empleados son la píldora (40,3%) y el preservativo (33,6%).
Una cuestión que nos ha perecido relevante en el aspecto de la salud es la de los hábitos de consumo de determinadas sustancias que están fuertemente instaladas dentro de la cultura enraizada en nuestra estructura social. Nos estamos refiriendo al alcohol y al tabaco. En cuanto al consumo de bebidas alcohólicas, un 11,3% de las entrevistadas toma cerveza alguna vez a la semana; este porcentaje varía a un 12,6% para el vino y un 7,7% para los licores. Un 16,8% del grupo de 16 a 24 años toman cerveza y licores alguna vez a la semana. Los resultados obtenidos ponen de manifiesto que el consumo de cerveza y de licores se incrementa claramente en las jóvenes lo que lleva a diferenciar dos tipologías en la ingestión de bebidas alcohólicas. Parece que se camina hacia el modelo anglosajón, en el que predomina la cerveza y los licores y desciende el consumo del vino que era más propio de nuestra cultura, mientras que éste se mantiene en las franjas de edad más avanzadas. Quizá la ingestión fuerte en los fines de semana es otra de las características en el modo de beber de las jóvenes. Estas apreciaciones deberían de servir para diseñar algún tipo de acción municipal en este sentido.
En cuanto al consumo de tabaco, cabe destacar que un 23,5% de las mujeres entrevistadas fuman, y de éstas un 85,9% lo hacen a diario. Un 77,6% de las mujeres que fuman consumen diez o más cigarrillos al día.
Haciendo un análisis de las fumadoras según la edad, nos encontramos con que las que más fuman diariamente son las que están comprendidas entre los 16 y los 19 años. Si esta matización se lleva a cabo según los estudios realizados, se observa que las mujeres con un nivel de estudios superiores son las que tienen un menor consumo de tabaco.
En cualquier caso, ha de tenerse en cuenta que estamos hablando de drogas legales e institucionalizadas, por lo que, para la erradicación o disminución en su consumo se debe de incidir fundamentalmente en los procesos de iniciación y consumo; y sobre todo cuando se observa que la utilización de estas sustancias está inscrita dentro de los rituales de transición de la adolescencia a la vida de adultos.
Por último, y en los referido a este epígrafe, al cruzar las variables de clase social, ingresos (individuales y familiares) y percepción sobre el estado de salud, se observa que según ascendemos en la escala social el estado de salud es mejor. Parece desprenderse de ello que una mayores posibilidades económicas llevan a establecer unos estilos de vida más sanos al tiempo que unos porcentajes más elevados de consultas con los profesionales de la salud.
VI. La familia.
Es frecuente que haya mujeres que no puedan incorporarse al mercado laboral o hayan de abandonarlo debido a su dedicación a las tareas domésticas y, muy particularmente, al cuidado de alguna persona anciana y dependiente de su familia. La mayoría de las mujeres de Narón (84,3%) no tienen a ningún anciano dependiente a su cuidado, pero de las que si lo tienen, la mayoría (35%) se trata de su madre; le sigue en orden de importancia (15%) las que cuidan a su suegra y un 11,7% lo hacen con su esposo. Estos resultados nos llevan a dos concusiones: La primera es que la mujer sigue teniendo en lo social y en lo familiar, asignado mayoritariamente el rol de cuidadora. Y la segunda que la mayor esperanza de vida de la mujer, su mayor capacidad de supervivencia da lugar a que la mayoría de los ancianos dependientes sean precisamente mujeres, es decir, las madres y las suegras.
El tipo de dependencia se relaciona fundamentalmente con enfermedades crónicas (43,3%) y con las disminuciones funcionales propias de la edad avanzada (28,3%). Las enfermedades derivadas del deterioro cognitivo -demencias y enfermedad de Alzheimer, entre otras- hacen que esta causa ocupe el tercer lugar (15%) en el orden de dependencia.
El cuidado de los mayores dependientes afecta y condiciona de una manera muy significativa la vida de las cuidadoras, sus relaciones familiares y sociales, su proyección y desarrollo profesional, su situación económica y su estado de salud tanto física como psíquica. De hecho, un 31,7% y un 8,3% de las mujeres que tienen ancianos dependientes a su cuidado manifiestan que su estado de salud es malo o muy malo, respectivamente. Ante esta evidencia, hemos de plantearnos forzosamente la pregunta: ¿Quién cuida a la cuidadora?.
Síntomas tales como insomnio (29,9%), fatiga crónica (17,3%), ansiedad, angustia y problemas de circulación con un 11,1% cada uno de ellos, irritabilidad (7,5%) o dolores musculares (7,3%) son las manifestaciones más frecuentes en la patología corporal o anímica que afecta a estas cuidadoras. El tener que estar pendiente de una persona las veinticuatro horas del día, verse limitada en las relaciones sociales y en las actividades de ocio, soportar conflictos familiares relacionados con estas situaciones o derivados de ellas, tener que inclinarse repetidas veces a lo largo del día, con un mobiliario inapropiado, para procurar al anciano enfermo los cuidados de higiene personal o las curas necesarias, etc. son factores que contribuyen a provocar y mantener este estado de malestar físico y emocional de las mujeres cuidadoras. Aparte de los casos en los que este cuidado repercute (23,7%) en el trabajo extradoméstico de la mujer o hace que haya tenido que prescindir del mismo (5,1%), reduciendo los ingresos económicos, en una situación en la que, como consecuencia de la dependencia del anciano, los gastos se incrementan notablemente.
Por eso, estas mujeres, para la cobertura de todas estas necesidades, demandan como servicios necesarios, la ayuda a domicilio (51,7%), los centros de día (23,3%), las ayudas económicas (16,7%) y un 5% los descansos o estancias temporales. El apoyo psicológico es algo también insistentemente demandado cuando se lleva ya un cierto tiempo viviendo esta situación.
Uno de los resultados más significativos e ilustradores, desprendido de los resultados de este trabajo, en cuanto a los condicionantes económicos y profesionales en relación con los estilos de vida y por lo que a la familia de estas mujeres se refiere, es que aunque ambos cónyuges desempeñen una actividad profesional extradoméstica, el sistema familiar de reparto de tareas es fundamentalmente tradicional o semitradicional, es decir, que las labores domésticas son desempeñadas fundamentalmente por las mujeres. Así, son las mujeres las que, en un 70,9% de los casos friega la vajilla, un 64% pone la mesa, un 66,6% compra los alimentos, el 69,5% se ocupa también de la limpieza de la casa, el 76,8% prepara las comidas y el cuidado de la ropa (lavar, coser, planchar, etc.) lo asumen en torno al 80% las mujeres. Solamente el marido o compañero supera a la mujer (56,9%) en la reparación de averías domésticas. Aún dentro del hogar siguen existiendo, pues, trabajos masculinos y trabajos femeninos, pues si bien son cada vez más las tareas que son llevadas a cabo, indistintamente, por ambos cónyuges o miembros de la pareja rondando en algunos casos el 20%, hay otros, como los relacionados con el cuidado de la ropa que no llegan al 10% en ningún caso.
Cuando se plantea la cuestión de que “está mal que el hombre se quede en casa y cuide de os hijos mientras la mujer trabaja fuera”, más de las tres cuartas partes de la mujeres se muestran en desacuerdo. Según la edad, las mujeres de entre 16 y 49 años mostraron su desacuerdo en un 86,7% de los casos. Esta oposición se reduce hasta el 57% en los casos de mujeres con 65 años y más. El nivel de estudios también ha deparado opiniones diferentes. Así, el 90% de las mujeres con estudios universitarios mostraron su desacuerdo, por un 69,2% en el caso de aquellas que sólo tienen estudios primarios. La ideología no ha deparado diferencias significativas.
Para valorar acertadamente esta situación conveniente tener en cuenta la configuración de los hogares y el estado civil de la población estudiada y que responde a lo reflejado en la Tabla nº II.
Tabla nº II
Estadp civil y tipo de hogar
Estado Civil % Tipo de Hogar % Casada 60,7 Unipersonal 7,9 En Pareja 3,3 Monoparental 11,2 Divorciada 0,5 Nuclear 64,8 Separada 2,3 Extenso 13,3 Viuda 12 Múltiple 0,8 Soltera 21,2 Pluripersonal 2 Total 100 Total 100 Quizá una de las claves de las conductas anteriormente señaladas esté en la utilización de ciertas expresiones que configuran el marco conceptual de los comportamientos. Mientras las mujeres sigan diciendo “mi marido o mis hijos me ayudan” y los hombres sigan diciendo “yo ayudo a mi mujer o a mi madre”, la asunción de esas tareas aparecerá como un favor que hay que agradecer, y no como una responsabilidad que hay que asumir para compartir las tareas en la proporción que a cada uno le corresponda, en función también de sus otras ocupaciones, para llegar a una efectiva conciliación de la vida laboral y la vida familiar. Por eso sería más oportuno y operativo cambiar la idea y la expresión de “ayudar a” por la de “responsabilizarse de”. Y ésta es una tarea que ha de acometerse desde los presupuestos de la educación social.
Una cuestión que nos ha interesado particularmente es el grado de conflictividad familiar o de tensiones con la pareja, especialmente en lo que se refiere a las mujeres que trabajan, además, fuera del domicilio familiar, pues en buena medida esta variable nos puede acercar al conocimiento de los factores de riesgo ante eventuales situaciones de malos tratos domésticos que, como tendremos ocasión de ver más adelante, es una de las principales causas de separación o divorcio.
De entre quienes han respondido a esta cuestión: mujeres casadas, en pareja, divorciadas o separadas y viudas, un 16,6% ha tenido alguna vez tensiones y problemas con su marido o su pareja, de las cuales, un 62,1% son casadas, un 31,0% viven en pareja en unión no institucionalizada y un 6,9% son separadas o divorciadas. Ninguna viuda manifiesta haber sufrido esta situación.
En este punto es preciso tener en cuenta, por un lado, el factor subjetivo de lo que puede significar la expresión “tener o haber tenido tensiones o problemas” con su cónyuge, pues mientras que para algunas puede suponer haber pasado por enfrentamientos graves e incluso violentos, para otras cualquier discusión intranscendente puede alcanzar la categoría de tensión o problema. En cualquier caso, por tensiones entendemos las situaciones atenuadas de conflicto, ocasionadas por discrepancias de opinión o percepción de las relaciones o acontecimientos familiares.
Por otra parte, es significativo que ninguna viuda haya declarado haber tenido tensiones con su esposo. Este hecho puede ser interpretado como que realmente no las tuvieron, que al haber fallecido el cónyuge éste haya sido idealizado y sólo se recuerde la parte satisfactoria de su relación o que haya sido mal entendida la pregunta interpretando que se refiere exclusivamente al momento presente, aunque en el enunciado de la misma se dice claramente “si los tiene o ha tenido alguna vez o nunca”.
VII. Confianza en las Instituciones y sistema de valores.
En el conjunto de la población objeto de esta investigación, la institución con una puntuación o valoración (entre 1: ninguna confianza y 7: mucha confianza) más elevada es el movimiento ecologista (4,89). Con una valoración muy aproximada (4,85), la Monarquía ocupa el segundo lugar. Algo más atrás encontramos a la Policía (4,54). En cuarto y quinto lugar aparecen el movimiento feminista (4,26) y la Unión Europea (4,24). El resto de las instituciones no alcanzan el 4 como puntuación. Algo por debajo de la valoración neutral están las Fuerzas Armadas (3,93). Entre el 3,5 y el 3,7 se sitúa la Iglesia (3,72), las grandes empresas y las multinacionales (3,63) y los gobiernos gallego (3,59) y español (3,56), aunque en este punto es menester señalar que esta investigación se realizó antes de las elecciones generales de marzo del 2004. Por debajo del 3,5 aparecen la prensa y la televisión (3,41) y los sindicatos (3,31). En el penúltimo lugar, levemente por encima del 3, se encuentra el sistema judicial (3,08) y en el último puesto aparecen los partidos políticos (2,77).
Por grupos de edad, las instituciones fueron valoradas de forma significativamente diferente según el tramo de edad de las mujeres entrevistadas. Así, por ejemplo, la Iglesia recibe una confianza muy baja entre las mujeres más jóvenes (2,76), siendo la institución peor valorada de este colectivo, al mismo nivel que los partidos políticos (2,73). En el lado opuesto, el colectivo femenino más joven sitúa al movimiento ecologista (5,34) y al movimiento feminista (4,79). Por el contrario, entre las mujeres de más edad (65 años y más), la Iglesia sube hasta el segundo lugar, alcanzando un 5,31, y siendo solamente superada por la Monarquía, que logra la puntuación más elevada de todas las instituciones en cualquiera de los cruces posibles: 5,88. Para este último grupo de edad las instituciones peor valoradas son los partidos políticos (2,92), el sistema judicial (2,5) y los sindicatos (3,02). En general, cuanto más jóvenes son las mujeres, más críticas se muestran con el conjunto de las instituciones. También procede destacar que las mujeres de derechas se muestran menos críticas con las instituciones, siendo la media de su puntuación de un 4,08, para las de izquierdas esta puntuación se rebaja hasta un 3,59 y alcanza un 3,81 para las de centro.
Por lo que se refiere a la inmigración, de modo general se puede afirmar que las mujeres de Narón consideran que la inmigración es un fenómeno más bien negativo. Así lo piensan el 43,6% por un 29,5% que opinan que se trata de una realidad más bien positiva. Como es tradicional la edad, el nivel de estudios y la postura política son factores importantes a la hora de efectuar esta valoración, aunque la negativa supera a la positiva en todos los grupos de edad; dependiendo de la ideología política las de izquierdas manifiestan una ligera opinión favorable, aunque sin llegar a la mayoría (41,7%) y por niveles de estudios las posturas están bastante igualadas.
La mayoría de las mujeres de Narón declaran haber sido educadas religiosamente en sus casas, tal y como lo afirma el 90,2% de las mismas. Sin embargo se aprecia un descenso significativo de este porcentaje conforme disminuye la edad de la entrevistada. Así, por ejemplo, se pasa de los porcentajes superiores al 95% en los grupos de 50 a 64 y 64 y más, a un 77,3% en el colectivo de las de 16 a 29 años. La variable edad parece ser la que explica mejor las diferencias, pues la ideología y el nivel de estudios no producen resultados significativos.
En cuanto a la religiosidad declarada, la mitad dice ser católica no practicante. Un 40% afirma ser católica practicante, un 8% dice ser no creyente y menos de un 1% es evangelista. Los porcentajes más altos de católicas practicantes se dan a partir de los 50 años, donde esta opción es la más numerosa. Entre las mujeres menores de 50 años, la categoría más mencionada es la de católicas no practicantes. A mayor nivel de estudios, menor religiosidad. Así, entre las mujeres con estudios universitarios, casi el 60% dice ser católica no practicante, mientras que un 22% se declara no creyente, opción ésta que supera a las que manifiestan ser católicas practicantes.
Por lo que se refiere a la asistencia a la iglesia, siguen el patrón descrito. Las que más acuden son las mujeres con estudios primarios, de mayor edad y de derechas o de centro. Las que menos acuden son las más jóvenes, con estudios universitarios y de izquierdas.
A modo de síntesis, y sobre algunas otras cuestiones que podrían encajar en el ámbito de las actitudes y los sistemas de valores, merece ser destacado que un 45% de las mujeres de la muestra estaban de acuerdo con que el trabajo en la casa es tan satisfactorio como el trabajar por un salario, mientras que el 55% restante discreparon de este planteamiento. La inmensa mayoría de las mujeres estuvieron en desacuerdo (92,6%) con la idea de que la educación universitaria es más importante para el hombre que para la mujer. En cuanto a la decisión de una mujer de ser madre soltera, la gran mayoría de las mujeres (93,1%) aprobaría esta iniciativa. Y sobre la necesidad de ser madre para realizarse, las mujeres opinaron que no era preciso en el 61,7% de los casos.
Otra cuestión que nos interesaba detectar era la de la identidad. El sentimiento predominante es el de sentirse “tan gallega como española” (55,4%), seguido de “más gallega que española” (24,9%) y “sólo gallega” (14,1%).
Se sienten más gallegas en las zonas semiurbanas, mientras que el porcentaje de “tan gallega como española” es más alto en la zona rural. Las mujeres de Narón con mayor nivel de estudios alcanzan la primera posición en la categoría de “más gallega que española” y las de estudios secundarios encabezan la lista de “tan gallega como española”. Las de estudios primarios ocupan el primer puesto en “sólo gallega”. Según la adscripción política, se observa que las mujeres de izquierdas encabezan la lista de preferencias por la identidad gallega, mientras que las de centro obtiene mayor porcentaje en la posición tan gallega como española, y las de derechas (aunque levemente y sin significación estadística) priman las tendencias españolas.
VIII. Actividades de ocio.
La actividad que, en tiempo de ocio, más se lleva a cabo durante la semana es escuchar la radio, algo que hacen el 63,9% de las mujeres. Más de la mitad de ellas pasea varias veces a la semana y sólo un16,5% no pasean nunca. La lectura del periódico varias veces a la semana es algo que hacen el 44,6% y cerca de un 22% dice que no lo lee nunca y las menores de 50 años son las que más leen, en torno aun 75% lo hace varias veces al mes; por el contrario, algo más del 40% de las mujeres que superan los 64 años dice no leer nunca la prensa.
Coser, hacer ganchillo o hacer punto es una actividad que practican varias veces a la semana un 31,7% de las mujeres, correspondiendo la mayor proporción a las que cuentan entre los 50 y los 64 años. También hay que contar entre estas actividades la lectura de revistas. Hay que destacar la baja asistencia al cine (un 59,6% no va nunca); el frecuentar pubs o discotecas es algo que hace un 39,7% de estas mujeres, aunque las que asisten -preferentemente las jóvenes- suelen ir una o menos veces al mes. Y un 118,5% hace deporte varias veces a la semana, siendo las más activas aquellas que cuentan entre los 16 y los 29 años de edad.
Como ya se podría suponer, la actividad de ocio que ocupa mayor tiempo a las mujeres de Narón es el ver programas de televisión. La mayoría de las mujeres (59,3%) dicen sentarse delante del televisor dos horas o menos y sólo un 2,4% dijeron no ver la televisión ninguna hora la día. Ahora bien, lo que en este punto es preciso tener en cuenta es que para estas mujeres, como para muchas otras personas, el tiempo que se ve la televisión o se atiende con mayor a menor atención mientras se está efectuando alguna otra actividad (comer, coser, leer el periódico, etc.) no es un tiempo que se considere como de dedicación exclusiva a este medio de comunicación.
IX. Consideraciones finales.
En este último epígrafe no tratamos la posibilidad de establecer un retrato robot de lo que sería una mujer de Narón sino, más bien, y ese ha sido el objeto de esta comunicación, de aproximarnos a los factores socioeconómicos y culturales que contribuyen a configurar un estilo de vida y a verificar en qué medida éstos las hacen semejantes o diferentes a las mujeres de otras poblaciones y de otros ámbitos. Y las razones de esa negativa son dos: por una parte, ya hicimos una descripción de estas mujeres en sus diferentes facetas a lo largo de cada uno de los diferentes epígrafes que configuran esta comunicación y, por otro lado, el colectivo de las mujeres de Narón no es un todo homogéneo que nos permita hacer una personificación, sino que existen diferencias sustanciales según los distintos indicadores y variables: edad, ingresos, nivel educativo, ocupación desempeñada, estado civil, comportamiento político y religioso, y otros y variados determinantes.
Tampoco hemos pretendido establecer un catálogo de demandas ni pretendemos en estas consideraciones finales elaborar unas conclusiones que ayuden a elaborar “recetas” que aborden la problemática de las mujeres de Narón (como pudieran serlo el de otras mujeres, de todas las mujeres, de otra población semejante o diferente). Pensamos que no es mediante “recetas”, mejor o peor hechas en la botica de unos profesionales, como se deba abordar este complejo tema. Esperamos y confiamos, y con eso nos daríamos modestamente por satisfechos, si este estudio sirviera para propiciar un diálogo entre las mujeres, las autoridades políticas y todos los agentes sociales que fructifique en el encuentro de nuevas perspectivas de enfoque sobre las mujeres, que permitan diseñar alternativas nuevas dentro de la planificación social integral. Estamos dentro de lo que se puede llamar la sociología aplicada y los estudios deben servir para la creación y puesta en marcha de programas que sean llevados a cabo por personas cualificadas.
Para finalizar, decir que los objetivos que debe establecerse una política integral llevada a cabo desde un ayuntamiento no pueden caer en una uniformidad homogénea. Habrá que tener en cuenta criterios de segregación interna de las mujeres, que exigen diversificar las políticas sociales con el fin de lograr una corrección de la desigualdad discriminatoria y una intención preventiva. Esta política integral debe girar en torno a tres puntos: la emancipación e independencia de las mujeres, en el sentido de reforzar su autonomía personal y su capacidad de iniciativa; la inserción integrada de la mujer en el tejido social más inmediato; y la prestación de unos servicios que puedan hacer frente a las necesidades y a las demandas de las mujeres.
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