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"Interculturalismo, inmigración, multiculturalismo: análisis del discurso editorial de la prensa española".
Comunicación presentada al I Congreso Internacional sobre desafíos actuales en la comunicación intercultural, Salamanca, noviembre de 2002.Carlos Manuel Abella Vázquez
RESUMEN
El objetivo de esta investigación es analizar el discurso que la prensa española tiene en relación con el pluralismo cultural proveniente de la creciente inmigración. Este discurso no se construye solamente a través de una selección sesgada de las noticias, sino también en la parte opinática de los diarios por excelencia, esto es, en los editoriales. En ellos se perfila una imagen etnocéntrica, en la que son comunes las autoimágenes positivas y las imágenes negativos de ellos. El multiculturalismo es visto como una amenaza para nuestro sistema democrático. De manera paradigmática, se enfatiza la supuesta incompatibilidad entre la cultura occidental y determinadas culturas y religiones, sobre todo la islámica. Para hacer tal análisis, hemos considerado los editoriales aparecidos en los diarios ABC, El Mundo y El País a lo largo de los años 2001 y 2002.
Palabras-clave: Interculturalismo, multiculturalismo, análisis del discurso, prensa.
Introducción
Este estudio forma parte de una investigación mayor centrada en el discurso editorial de los diarios españoles acerca de la inmigración, el multiculturalismo, el interculturalismo y el racismo dirigido contra minorías étnicas, raciales o culturales de origen extranjero. Dicha investigación abarca desde el año 1993 hasta 2002.
Los periódicos que conforman el estudio son El País, ABC y El Mundo. Compartimos las razones que señala Canel para seleccionarlos: son diarios de ámbito nacional, son los de mayor tirada y representan perfiles periodísticos y orientaciones ideológicas distintas[1].
Para la presente comunicación, nos hemos centrado en una muestra de dicho universo, formada por los editoriales aparecidos entre el 1 de enero de 2001 y el 31 de octubre de 2002 que aludan a cualquier temática relativa al multiculturalismo o al interculturalismo..
ANÁLISIS CUANTITATIVO
Según los criterios mencionados, el número total de editoriales que conforman el universo es de 150. Por diarios, El País es el que incluye un mayor número, 66. ABC es el segundo con 46 y El Mundo es el que menor número editoriales dedica a esta temática, 38.
Sin embargo, las cifras varían significativamente si nos atenemos a la muestra de editoriales sobre multiculturalismo. En este caso, ABC es el que más editoriales publica, 9, seguido de El Mundo, 6 y El País, 5. Así, el 19,6% de los editoriales de ABC se refieren al multiculturalismo, en comparación con el 15,8% en El Mundo y el 7,6% en El País.
MARCO TEÓRICO: HIPÓTESIS Y DEFINICIONES.
Las hipótesis que articulan nuestra investigación son:
1) Las definiciones de interculturalismo y multiculturalismo tienen implicaciones ideológicas y pueden favorecer o dificultar el establecimiento de una sociedad multicultural.
2) Cada diario se posiciona en sus editoriales respecto a cuál es el mejor modo de gestionar las diferencias culturales existentes en el seno de la sociedad española.
3) Las ideas de amenaza para la democracia y la estabilidad política y social, e incluso para la identidad nacional, estarán presentes, en mayor o menor medida, de forma más o menos explícita como parte de sus posicionamientos, lo cual creemos será más palpable en el caso de la prensa de orientación conservadora y al respecto de los inmigrantes de religión musulmana.
4) En general, creemos que la orientación ideológica dominante no será la más propicia par el desarrollo de un proceso de comunicación o diálogo intercultural.
DEFINICIONES
El primer y principal problema que afrontamos al abordar esta temática es de definición. ¿Qué significan cultura, multiculturalismo o interculturalismo? Consideramos imprescindible exponer qué entendemos por cada uno de estos términos antes de entrar en posteriores análisis y tratar de disipar la nebulosa conceptual que conforman. No hay que olvidar que, como señala Rodrigo Alsina[2], esta confusión conceptual no es ajena a la propia comunidad científica, que no ha logrado un acuerdo al respecto. Por otra parte, y para evitar confusiones, dejaremos claros nuestros postulados axiológicos conforme definamos los términos.
Antes de pasar a definirlos, deseamos dejar claro que, al hablar de diversidad cultural, nos referiremos a la proveniente de los actuales procesos migratorios. Esto no implica, por supuesto, que neguemos o minusvaloremos el pluralismo cultural interno de España.
Es imprescindible definir qué entendemos por cultura, pues la idea que se tenga de cultura determinará, en buena medida, la concepción de multiculturalismo o interculturalismo.
Lamo de Espinosa dirá que, en última instancia, “una cultura no es sino un conjunto de prácticas legitimadas y, por supuesto, institucionalizadas”[3]. La religión es el instrumento más usual de legitimación de tales prácticas. La introducción en la definición del elemento religioso es significativa. En ocasiones, la prensa solapa ambos conceptos. Esto es especialmente palpable, como veremos, en el caso de la cultura-religión musulmanas.
El autor señala una doble tensión a la que está sometido el concepto de cultura. En primer lugar, a su disolución nominalista. Para ello, basta mostrar que toda cultura es, en el fondo, un simple conjunto de prácticas. En segundo lugar, a su reificación como concepto: la cultura se define de modo esencialista, olvidando tanto sus tensiones y conflictos internos, como su relación e interrelación con otras culturas. En efecto, ve en cada cultura “un universo simbólico cerrado y homogéneo que sólo puede aceptarse o rechazarse en bloque”[4].
Deseamos destacar, con Malgesini y Giménez, cuatro aspectos que habría que tener en cuenta desde un posicionamiento en favor de la interculturalidad: 1) que hay diversos niveles de cultura (nacional, subnacional, subcultural); 2) que hay universales culturales y rasgos específicos de culturas y grupos de culturas determinados; 3) que las culturas son “internamente diversas, y tener en cuenta su heterogeneidad interna (...) puede ayudar a no caer en estereotipos y a dificultar los intentos de las elites dominantes (..) de monopolizar interesada y unilateralmente la definición de lo que esa cultura es”[5]; 4) que las culturas no son cerradas y estáticas, sino abiertas y dinámicas.
En definitiva, sin negar las obvias diferencias existentes entre lenguajes, formas artísticas o costumbres (entre culturas, en definitiva), las atribuimos, con Feyerabend, “a los accidentes de su situación y/o a su historia, no a unas esencias culturales claras, explícitas e invariables: potencialmente, cada cultura es todas las culturas”[6].
El pluralismo cultural puede ser definido como “aquella ideología o modelo de organización social que afirma la posibilidad de convivir armoniosamente en sociedades, grupos o comunidades étnica, cultural, religiosa o lingüísticamente diferentes”[7]. Por tanto, valora positivamente la diversidad cultural. Además, reconoce un marco común para todos, basado en la igualdad de derechos y deberes. El multiculturalismo y el interculturalismo son sus dos versiones principales.
El modelo asimilacionista se basa en una “propuesta de uniformización cultural: se propone y se supone que los grupos y minorías van a ir adoptando la lengua, los valores, las normas, las señas de identidad, de la cultura dominante y, en paralelo, van a ir abandonando las de su cultura propia”[8].
Por su parte, el modelo del melting pot se basa en que “la cultura nacional o la identidad de un determinado país o entidad debe configurarse a partir de las contribuciones de todos los sectores o segmentos en él representados o a él incorporados”[9].
Resulta esencial distinguir entre los sentidos normativos y descriptivos del concepto. Lamo de Espinosa define el multiculturalismo descriptivo (“como hecho”), como la “convivencia [la coexistencia al menos] en un mismo espacio social de personas identificadas con culturas variadas”. Por su parte, el multiculturalismo normativo (“como proyecto político”) alude al “respeto a las identidades culturales, no como reforzamiento de su etnocentrismo, sino al contrario, como camino más allá de la mera coexistencia, hacia la convivencia, la fertilización cruzada y el mestizaje”[10].
Según Malgesini y Giménez, los principios inspiradores del multiculturalismo son “el respeto y asunción de todas las culturas, el derecho a la diferencia y la organización de la sociedad de tal forma que exista igual de oportunidades y de trato y posibilidades reales de participación en la vida pública y social para todas las personas y grupos con independencia de su identidad cultural, etnorracial, religiosa o lingüística”[11].
Parece claro, pues, que de estos principios se deriva, en última instancia, un deseo de integración social de los distintos grupos y colectividades sociales, sin que tengan que renunciar a sus identidades particulares para ello. No se deriva necesariamente, por tanto, una yuxtaposición cultural o una fragmentación social en compartimentos estancos, como se sostiene desde algún discurso editorial.
Nuestra visión es cercana a la que Rodrigo Alsina denomina del multiculturalismo liberal de izquierdas que “señala la necesidad de un orden legal único que esté por encima de la pluralidad de las culturas [que] sería el sistema democrático occidental”[12].
Rodrigo Alsina define el multiculturalismo como “la ideología que propugna la coexistencia de distintas culturas en un mismo espacio real, mediático o virtual; mientras que la interculturalidad sería las relaciones que se dan entre las mismas. (...) la interculturalidad haría referencia a la dinámica que se da entre (...) comunidades culturales”[13].
Este aspecto de dinamismo también aparecido recogido por Malgesini y Giménez. Ellos añaden un elemento normativo al concepto: la valoración positiva de la interacción entre culturas. Siguen a Perotti al definir una sociedad intercultural como “un proyecto político que, partiendo del pluralismo cultural ya existente en la sociedad – pluralismo que se limita a la yuxtaposición de la cultura y se traduce únicamente en una revalorización de las culturas etno-grupales – tiende a desarrollar una nueva síntesis cultural”[14].
Para finalizar, nos gustaría sintetizar brevemente los objetivos de la comunicación intercultural tal y como los entiende Rodrigo Alsina[15]. En primer lugar, la comunicación intercultural debe iniciarse para conocer a los otros, a través de un diálogo que ha de ser tanto crítico como auto-crítico. En segundo lugar, es necesario desterrar los estereotipos negativos de las otras culturas, tan hondamente arraigados en ocasiones. En tercer lugar, es necesario iniciar una negociación intercultural desde una posición de igualdad. En cuarto lugar, hay que relativizar nuestra cultura. Ello permitirá estar en disposición de considerar los valores culturas y, en su caso, aceptarlos.
ANÁLISIS DEL DISCURSO EDITORIAL
ABC
El diario “cultista ABC, (...) bastión del tradicionalismo español, monárquico y nacional, católico e intelectual”[16] mantiene un discurso muy crítico con el multiculturalismo, al tiempo que defiende vivamente el interculturalismo. Pero, ¿qué entiende por una cosa y por otra?
Para ABC, el multiculturalismo es una ideología propia de la izquierda que rompe la unidad social y pone en peligro al sistema democrático y que, lejos de integrar al inmigrante, lo sitúa en guetos. El multiculturalismo, además, es proclive (cuando no sinónimo) al relativismo moral, esto es, a la justificación de cualquier práctica o costumbre por el hecho de pertenecer a una determinada tradición cultural. Los defensores del multiculturalismo reciben el mismo calificativo que los progresistas e izquierdistas en general: demagógicos.
El editorial titulado “Torpe recurso” (20 de marzo de 2001) ilustra de forma paradigmática el posicionamiento ideológico de ABC. En él critica la decisión del PSOE de presentar un recurso de inconstitucionalidad contra la reforma de la Ley de Extranjería y considera que la izquierda socialista es demagógica (es esta “una de sus más naturales propensiones”), palabra que emplea en 3 ocasiones.
En la última parte del editorial, ABC muestra la idea que tiene del multiculturalismo, ideología que atribuye a la posición socialista. Los presupuestos multiculturales “terminan por favorecer una fragmentación cultural que podría poner en peligro a la democracia”, conducen “a la fragmentación y a la balcanización” y “a la destrucción de los valores liberales y a la intolerancia”. Esta “fragmentación en guetos culturales conduce a un aislamiento empobrecedor”.
El modelo que propone ABC es el intercultural, que sería el que está siguiendo Europa actualmente, y “se basa en el intercambio cultural pero evitando la fragmentación y el relativismo”. “La comunicación entre las culturas es factor de enriquecimiento”. ABC equipara interculturalismo a pluralismo cultural, el cual “favorece la asimilación y la integración” y “contribuye a la libertad y a la tolerancia”.
Esta concepción se repite en otros editoriales. El 5 de agosto de 2001, en uno titulado “Extrema derecha” critica la “exasperante frivolidad” con que la izquierda emplea el concepto de multiculturalismo, que define como “la yuxtaposición de marcos de valores y principios colectivos” y como “la pretensión de que los inmigrantes inserten sus cuadros de valores y creencias en el seno de sociedades evolucionadas, en vez de que éstos se incorporen al patrimonio de hábitos y valores occidentales, más elaborados en la libertad y la igualdad”. Defiende de nuevo el interculturalismo como el modelo adecuado de “integración de los inmigrantes”, modelo que “está hecho de reciprocidad y, sobre todo, de un ánimo de incorporar al progreso a la inmigración”.
En estos fragmentos, resultan obvias las muestras de cierto etnocentrismo. ABC esquiva esta posible crítica en otro editorial titulado “Multiculturalismo” (23 de febrero de 2002), en el que afirma que “el repudio del multiculturalismo no puede imputarse, como pretenden sus intolerantes devotos, a la cuenta del racismo y la xenofobia, ni a un pretendido imperialismo occidental”. En este mismo editorial afirma con rotundidad que el multiculturalismo “resulta incompatible con la democracia”. Al mismo tiempo, defiende el mestizaje y el pluralismo (que utiliza como sinónimos de interculturalismo) en tanto suponen una riqueza “si los inmigrantes respetan los principios de la sociedad de acogida”.
En el plano global, ABC suscribe la tesis del choque de civilizaciones. Así lo expone en un editorial titulado “El Islam y Occidente”, publicado el 26 de octubre de 2002. El propio título resulta ilustrativo de la visión dicotómica del periódico. En su primer párrafo afirma el carácter indiscutible del choque entre civilizaciones que estaríamos viviendo.
Definida la situación, el diario va más allá. Elementos de etnocentrismo e islamofobia[17] impregnan a partes iguales el resto del editorial: “No se trata de condenar al Islam, ni de negar que no todos sus seguidores son fundamentalistas. Incluso, con cierta benevolencia, puede sobrevolarse sobre muchas expresiones del Corán y pensar que se encuentra en una etapa de su evolución semejante al que pasó hace siglos la civilización cristiana occidental. Aún así, no es posible negar, porque lo declaran sus responsables, que una parte nutrida de la civilización islámica ha declarado la guerra total a Occidente”.
ABC desea dejar claro que este análisis no debe conducir “ni a la xenofobia, ni a la intolerancia, ni al belicismo”, y descarta que el imperialismo o el avasallamiento estén detrás de su posición. Pero deja claro que “nuestra civilización se encuentra en peligro”. Esta actitud tendría que ver “con la defensa de unos principios que han generado unas formas de civilización y de convivencia superiores a todas las hasta ahora conocidas”.
¿Es el posicionamiento de ABC intercultural? Difícilmente. Más bien, su planteamiento destila asimilacionismo. En ningún momento se pretende crear una nueva síntesis cultural: tan solo incorporar aquellas prácticas tolerables; se parte del principio de que nuestra sociedad está más desarrollada y son los inmigrantes los que se han de beneficiar de nuestro cuadro de valores más evolucionado. Por tanto, existe un claro elemento de etnocentrismo, al tiempo que son frecuentes las autoimágenes positivas (nosotros en tanto tolerantes, integradores) y las imágenes negativas de ellos (abusan de nuestra hospitalidad, quieren derechos y no deberes, imponen sus costumbres y no respetan las nuestras). Mucho nos tememos que ABC intenta confundirnos en la nebulosa conceptual que advertíamos al principio.
Por otra parte, ABC parte de una definición estática del multiculturalismo, que se origina en un concepto esencialista de cultura. Ya hemos dicho que no es este el multiculturalismo que defendemos. Es posible que ABC, en su confusión terminológica, intente evitar las críticas por su visión antimulticulturalista, etnocéntrica y asimilacionista subiéndose al carro de un supuesto interculturalismo que poco tiene de tal.
EL MUNDO
El Mundo no tiene unos posicionamientos tan claros como ABC. De hecho, no dedica ningún editorial a exponer de forma explícita su concepción del multiculturalismo o del interculturalismo.
El periódico, al opinar acerca de unas polémicas declaraciones de Oriana Fallaci, muestra su acuerdo con la existencia de un choque de civilizaciones, entre la occidental, tolerante y respetuosa, y la islámica, que se percibe como amenazante (“Oriana Fallaci y El Choque de Civilizaciones”, 3 de octubre de 2001).
En otro editorial, titulado “La enseñanza de la religión islámica exige un debate nacional” (4 de marzo de 2002), se muestra, en principio, partidario de la misma, por ir conforme a Derecho. Pero en la segunda parte procede a expresar sus dudas e inquietudes respecto a este hecho, por el riesgo “muy alto” de que “se acabe haciendo apología del integrismo”.
En “Inmigrantes en democracia”[18] (26 de febrero de 2002), editorial que defiende las declaraciones de Mikel Azurmendi resumidas en la polémica frase “La multiculturalidad es una gangrena para nuestro sistema democrático”, El Mundo critica el multiculturalismo y a sus partidarios, quienes “con la demagógica defensa de la coexistencia de culturas a cualquier precio no reparaban en la gran verdad de la aparentemente extrema afirmación del antropólogo: confundir las relaciones interétnicas con una suma de culturas que pueden subsistir al margen del Estado de Derecho nos conduce a la perversión de nuestro sistema democrático”. El Mundo apuesta por un marco común para todos, “con la Constitución como guía inquebrantable”, basado en los principios de “igualdad, libertad y pluralidad”. Y señala el verdadero camino hacia la integración: “El reto de la integración de los inmigrantes pasa por la generalización de las reglas de la sociedad anfitriona, aplicadas de forma personalizada como ocurre con el resto de los ciudadanos” (cursiva nuestra, salvo que se indique lo contrario). Porque el problema, es “el desinterés de una parte de los inmigrantes musulmanes por adaptarse a la forma de vida de los países que los acogen” (“Oriana Fallaci y...”). Por tanto, integración es sobre todo asimilación, un esfuerzo que deben hacer ellos, por tanto, y negación de derechos diferenciados en función del grupo[19].
En general, los editoriales de El Mundo destilan una mezcla de eurocentrismo e islamofobia[20], con una clara división entre ellos y nosotros. La crítica del relativismo cultural y moral podría esconder, en realidad, una desvalorización del Islam en conjunto. Las siguientes citas pueden ilustrar estas afirmaciones “los valores europeos y norteamericanos permiten la convivencia de gentes de otras culturas, de otras razas, de otras religiones, en su territorio” (“Oriana Fallaci y...”), “nosotros respetamos su cultura, pero ellos no respetan la nuestra” (“Oriana Fallaci y...”); “Las autoridades educativas deben poner los límites para que los colegios no cobijen auténticas escuelas coránicas en las que se empiece por fomentar la desigualdad entre sexos y se acabe haciendo apología del integrimo” (“La enseñanza de...”) ; “La imposición del velo no deja de ser una expresión simbólica perfectamente asumible, pero que la tolerancia mal entendida no nos obligue a asimilar otras tradiciones incompatibles con los derechos humanos” (“La enseñanza de...”); “no es atribuible a todo musulmán la voluntad de cometer atentado que ellos [los terroristas del 11-S] tenían” (“Oriana Fallaci y...”).
EL PAÍS
El País tampoco expone de forma explícita su posicionamiento respecto al multiculturalismo. De sus editoriales se desprende una menor preocupación por esta problemática, que sólo es tratada en fragmentos dispersos, y casi siempre de manera indirecta. De forma general, El País parte del reconocimiento de la necesidad de un marco común para todos inspirado en la Constitución. Este punto de partida es lo que suele repetir con asiduidad, y no es frecuente que vaya mucho más allá. Por otra parte, considera la sociedad multicultural como un hecho, y no suele negativizarla: “La sociedad multicultural sólo podrá desarrollarse armónicamente si se asienta en el reconocimiento leal y sin restricciones por parte de los elementos que la componen de unas reglas de comportamiento comunes, inspiradas en los principios y valores constitucionales vigentes en el país” (“El velo en la escuela”, 17 de febrero de 2002).
En su editorial titulado “Enseñanzas religiosas” (10 de marzo de 2002), El País se muestra favorable a la enseñanza del Islam en los colegios por ser conforme a Derecho. Introduce un elemento novedoso en el debate en el momento en que equipara la enseñanza de la religión musulmana con la católica. En su planteamiento, y para cumplir con el carácter aconfesional del Estado, lo adecuado sería que “el apoyo público a la enseñanza religiosa se mantuviera en el ámbito interno de las iglesias y confesiones y no en la escuela estatal”. Considera que en la situación actual hay algo “casi preconstitucional de confesionalismo rancio”.
Mantiene El País que, si ha de haber enseñanza religiosa, la de la religión musulmana tendría el mismo derecho que la católica. En el último párrafo recuerda que en todo caso, “el Estado tiene competencias de inspección sobre todas las materias enseñadas en la escuela pública, incluidas las religiosas” y que “todas deben atenerse a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico vigente, espacio común obligado de todo el que – nacional o residente – trabaja y vive en España”. Esta prudente muestra de desconfianza se extiende, no obstante, a todas las religiones, y no recae en exclusiva sobre la musulmana. La diferencia de enfoque con respecto al tratamiento que dio El Mundo a este tema es muy notable.
En definitiva, El País no define el multiculturalismo como yuxtaposición de marcos de valores, ni como incompatible con la democracia. Fijado un mínimo común (la Constitución), se supone que el multiculturalismo podrá desarrollarse armónicamente. En conjunto, parecería que El País suscribe lo que Rodrigo Alsina denominó multiculturalismo liberal de izquierdas[21].
VALORACIÓN GLOBAL Y CONCLUSIONES.
ABC es el diario que más claramente muestra su posicionamiento ideológico con relación al pluralismo cultural. Dedica un mayor número de editoriales y expresa rotundamente sus opiniones. Critica con gran dureza el multiculturalismo y se autoproclama intercultural. Sin embargo, los elementos que definen este autoposicionamiento nos sitúan más ante un modelo asimilacionista, repleto de opiniones etnocéntricas o eurocéntricas, basadas en la idea de que la civilización occidental ha dado origen a las sociedades más evolucionadas y a los valores y principios más elevados, y con ciertos elementos de islamofobia. Los distanciamientos autocríticos respecto de la propia cultura no aparecen (se juzgan las costumbres ajenas, pero no se cuestionan las propias), y las autoimágenes positivas (tolerantes, acogedores), combinadas con la imagen negativa de ellos (imponen su cultura, amenazantes, intolerantes), terminan por configurar un discurso poco intercultural. Por todo ello, el ensalzamiento ocasional del mestizaje puede considerarse más una figura retórica que una postura de fondo. En todo caso, se encuentra más como declaración general que a la hora de valorar costumbres, hábitos o pautas culturales o religiosas ajenas. En definitiva, un discurso nada propicio para la apertura de una comunicación intercultural en nuestra sociedad.
El Mundo y El País tienen unos planteamientos menos explícitos. Opinan menos a menudo sobre esta temática, y suelen hacerlo al hilo de acontecimientos muy concretos. Por ejemplo, El Mundo sólo emplea una vez el término multiculturalidad (y para citar a Azurmendi) y no emplea nunca ni multiculturalismo, ni interculturalismo, ni interculturalidad. Por su parte, El País no ha empleado ninguno de los términos citados. Sin embargo, mientras El Mundo tiene un punto de vista similar al de ABC, aunque menos radical, El País no se muestra crítico con el multiculturalismo. La escasa preocupación de El País por la temática cultural contrasta con la gran importancia que le concede a la temática social, a la que dedica un gran número de editoriales (no hay que olvidar que este diario es el que más ha editoriales sobre la inmigración ha publicado). Así pues, sea por sostener un discurso con referencias etnocéntricas, escasamente autocríticas, de corte asimilacionista y con tintes islamófobos (caso de El Mundo), sea por una cierta indiferencia hacia esta temática (El País), ninguno de los dos diarios tiene un discurso que favorezca la comunicación intercultural ni el establecimiento de una sociedad y de una democracia interculturales.
Por otra parte, los tres diarios comparten la idea de que debe existir un marco común para todos basado en la Constitución. En este sentido, critican rotundamente el relativismo cultural o moral. Por otra parte, suelen emplear el término de tolerancia, y no el de respeto o reconocimiento debido, al referirse a las costumbres ajenas a la cultura propia. Así, está presente un elemento de indiferencia y de condescendencia en los discursos de los tres editoriales.
BIBLIOGRAFÍA